jueves, 25 de diciembre de 2008

FELIZ NAVIDAD - ALELUYA ALELUYA ALELUYA - FELIZ NAVIDAD


Hoy no es día ni para hecer reflexiones ni tan siquiera meditaciones, Hoy tan sólo reproduciremos un pasaje de la vida de San Francisco de Asís, que es pura experiencia de Jesús, el cual, si queremos saber y profundizar más sobre la grandeza de la Navidad, deberemos simplemente Contemplarlo y degustarlo como miel del líbano sobre " los labios que se resbala sobre la barba":


El pesebre que preparó el día de Navidad San Franciso de Asís


"84. La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el santo Evangelio y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo le su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa.
84. Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular., pues siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: "Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date plisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y como fue colocado sobre heno entre el buey y el asno. En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.
85. Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas par a iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios, y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación.
86. El santo de Dios viste los ornamentos de diácono, pues lo era, y con voz sonora canta el santo evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice el "Niño de Bethleem", y, pronunciado "Bethleem" como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba "niño de Bethleem" o "Jesús", se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara su paladar la dulzura de estas palabras.
86. Se multiplicaban allí los dones del Omnipotente; un varón virtuoso tiene una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. No carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por su gracia, por medio de su siervo Francisco, y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.
87. Se conserva el heno colocado sobre el pesebre, para que, como el Señor multiplicó su Santa misericordia, por su medio se curen jumentos y otros animales. Y así sucedió en efecto: muchos animales de la región circunvecina que sufrían diversas enfermedades, comiendo de este heno, curaron de sus dolencias. Más aún, mujeres con partos largos y dolorosos, colocando encima de ellas un poco de heno, dan a luz felizmente. Y lo mismo acaece con personas de ambos sexos: con tal medio obtienen la curación de diversos males.
87. El lugar del pesebre fue luego consagrado en templo del Señor: en honor del beatísimo padre Francisco se construyó sobre el pesebre un altar y se dedicó una iglesia, para que, donde en otro tiempo los animales pacieron el pienso de paja, allí coman los hombres de continuo, para salud de su alma y de su cuerpo, carne del Cordero inmaculado e incontaminado, Jesucristo, Señor nuestro, quien se nos dio a sí mismo con sumo e inefable amor y que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo y es Dios eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Aleluya."

miércoles, 17 de diciembre de 2008

19Por consiguiente, si tan grande y tan importante Señor, al venir al seno de la Virgen, quiso aparecer en el mundo, despreciado, indigente y pobre (cf. 2 Cor 8,9), 20para que los hombres, que eran paupérrimos e indigentes, y que sufrían una indigencia extrema de alimento celestial, se hicieran en Él ricos mediante la posesión del reino de los cielos (cf. 2 Cor 8,9), 21saltad de gozo y alegraos muchísimo (cf. Hab 3,18), colmada de inmenso gozo y alegría espiritual, 22porque, por haber preferido vos el desprecio del siglo a los honores, la pobreza a las riquezas temporales, y guardar los tesoros en el cielo antes que en la tierra, 23allá donde ni la herrumbre los corroe, ni los come la polilla, ni los ladrones los desentierran y roban (cf. Mt 6,20), vuestra recompensa es copiosísima en los cielos (cf. Mt 5,12), 24y habéis merecido dignamente ser llamada hermana, esposa y madre del Hijo del Altísimo Padre (cf. 2 Cor 11,2; Mt 12,50) y de la gloriosa Virgen.
(Santa Clara de Asís, 1ª Carta a Santa Inés de Praga).

jueves, 11 de diciembre de 2008

Los Castillos amenazan ruina.

Francisco era demasiado joven para absorver sin pestañear aquel golpe. A los veinte años, el alma de aquel joven es una ánfora frágil. Basta el golpe de una piedrecita y la ánfora se desvanece como un sueño interrumpido. Es el paso del tiempo y del viento lo que da consistencia al alma.
Uno tiene la impresión de que los biógrafos contemporáneos pasan como volando por encima de los años de conversión de Francisco, igual que los periodistas, los cronistas nos entregaron anécdotas. Pero al parecer no presenciaron, o al menos, no nos transmitieron el drama interior que origina y explica aquellos episodios. Nada nos dicen de su conversión hasta la Noche de Espoleto. Sin embargo, en esta noche cayó la fruta porque ya estaba madura.
En esos largos once meses de encierro e inactividad comienza el Tránsito de Francisco. Para construir un mundo, otro mundo tiene que desmoronarse anteriormente. Y no hay granadas que arranquen de raiz una construcción, los edificios humanos mueren piedra a piedra. En la prisión de Perusa comienza a morir el hijo de Bernardone y a nacer Francisco de Asis.
Ignacio Larrañaga - Hermano de Asís.

domingo, 7 de diciembre de 2008

SALUDO A LAS VIRTUDES

SALUDO A LAS VIRTUDES

¡Salve, reina sabiduría, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez!
¡Señora santa pobreza, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad!
¡Señora santa caridad, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia!
¡Santísimas virtudes, a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis!
Nadie hay absolutamente en el mundo entero que pueda poseer a una de vosotras si antes no muere. Quien posee una y no ofende a las otras, las posee todas. Y quien ofende a una, ninguna posee y a todas ofende (cf. Sant 2, 10). Y cada una confunde los vicios y pecados.
La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus astucias.
La pura santa simplicidad confunde toda la sabiduría de este mundo (cf. 1Cor 2m, 6) y la sabiduría del cuerpo.
La santa pobreza confunde la codicia, y la avaricia, y las preocupaciones de este siglo.
La santa humildad confunde la soberbia y a todos los mundanos, y todo lo mundano.
La santa caridad confunde todas las tentaciones diabólicas y carnales y todos los temores carnales.
La santa obediencia confunde todos los quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y lo sujeta y somete a todos los hombres que hay en el mundo; y no sólo a los hombres, sino a un a todas las bestias y fieras, par que, en cuanto el Señor se lo permita desde lo alto, puedan hacer de él lo que quieran.
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Mucha gente tiene una visión de los votos, en la vida consagrada, como algo negativo, como una represión, una negación a dejar de participar en situaciones o vivencias lícitas a cualquier ser humano.
Seguramente, con una visión desde fuera de la vivencia de la relación entre Creador y criatura, desde, como diríamos coloquialmente, visto desde las gradas, es algo comprensible, pero no deja de ser una idea, no incompleta sino irreal.
Francisco de Asís, desde su íntima relación con el Espíritu, nos transmite la profundidad de esta vivencia. En palabras, intenta participarnos que la relación con Dios es personal, es palpable y no es algo momentáneo sino constante.
Cada una de las virtudes las personaliza, les da un nombre y un rostro. Son "Damas", y no cualquier dama sino "Reina", "Señora", alguien especialísimo, único. Las saluda como el Arcángel Gabriel a María: "Salve reina", "El Señor te salve", "A todas os salve el Señor".
A menudo, en el trato diario con la gente, oigo opiniones de que Dios está en el cielo, de que es un mero observador, o incluso que Dios no existe. Francisco nos demuestra con su vida y su ejemplo que no tan solo Dios es real, sino que es palpable, que no es un Dios lejano y en las alturas, sino un Dios hecho hombre, un Dios que se deja tocar, un Dios que ama y que desea ser amado.
Ese trato de Francisco con las Virtudes, esa familiaridad y esa relación que hace que nos las presente como Damas y Señoras bellísimas y las piropee y describa de forma tan dulce y deleitable; nos quiere hacer ver su familiaridad y su vivencia con el Espíritu.
Al meditar el saludo a las Virtudes que nos dejo Francisco de Asís, intentando entender su experiencia de amor íntimo con Dios, puedo ver que el corazón de Francisco habla como un corazón profundamente enamorado. ¿quién, al enamorarse de una persona, no ha intentado conocer a la persona amada, no tan solo en sus gustos y aficiones, sino en lo más intimo del corazón de esa persona, sus pensamientos, sus sentimientos?
“¡Salve, Reina sabiduría, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez!” Sabiduría, el pensamiento de Dios. ¿quién puede comprender el pensamiento de Dios? Los puros de corazón, aquellos que no pretenden grandezas ni son altaneros, sino que son ENAMORADOS e intentan intimar con su AMADO para comprender sus pensamientos y estar más cerca de EL.
“¡Señora santa pobreza, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad!”. Pobreza, la piel de Dios. Pobreza, el no poseer nada, el ser libres para poder poseer EL TODO. ¿qué marido o qué esposa no se desprende de todo para entregarse al otro completamente en el lecho nupcial? con el deseo de ser UNO, si existen barreras esa unión no se dará. Con Dios funciona igual. El despojarse de todo es necesario para que se llegue a esa unión, para poder ser UNO CON DIOS. “El Señor te salve con tu hermana la santa humildad”. Para llegar a despojarse de todo hay que ser lo que somos ante Dios y nada más, solo así seremos libres no tan solo de las cosas materiales, sino de lo que poseemos en lo más íntimo de nuestra alma. Desnudarse ante Dios y ser lo que somos y nada más.
“¡Señora santa caridad, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia!”. Señora Santa Caridad, el corazón de Dios. Cuando alguien ama a otra persona lo que desea es poseer su corazón. ¿De que manera podemos poseer el corazón de Dios? “El Señor te salve con tu hermana la santa obediencia”. ¿qué es la obediencia? La obediencia es la voz de Dios, es oír su voz y seguirla, sabiendo que nos lleva al encuentro con El. ¡Qué poco valor llegan a tener las cosas materiales, o el qué, o el cómo, cuando sabes que es Dios el que te habla! Da igual lo que sea, da igual donde estés o lo que hagas cuando sabes que al final del camino te encontraras con la persona amada. El amor es loco, es pasional, y así es la obediencia, así te transforma el oír la voz de Dios en tu alma. Solo suspiras por abrazarle, solo suspiras por encontrarle, y su voz te guía por ese camino, una voz dulce, amorosa, tierna, que atrae, que seduce, que enamora.
“¡Santísimas virtudes, a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis!” Cada una de estas virtudes nos muestra un atributo de Dios, su pensamiento, su piel, su corazón, su voz. De El vienen, de El proceden. ¡Veis como Dios es palpable, veis como Dios es real, vivo y cercano! Y es un Dios enamorado, enamorado de sus criaturas a las cuales intenta seducir y amar y como no, ser amado, ser correspondido en ese amor total que nos ofrece, en ese amor pasional y verdadero, dulce, suave, deleitable, seguro, gozoso, hermoso, manso y protector.
“Nadie hay absolutamente en el mundo entero que pueda poseer a una de vosotras si antes no muere”. ¿a que tipo de muerte se refiere? Jn 3, 1-21 "En verdad en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios" "¿Cómo puedo nacer siendo ya viejo? ¿puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer? Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne. Lo nacido del Espíritu, es espíritu".
“Quien posee una y no ofende a las otras, las posee todas. Y quien ofende a una, ninguna posee y a todas ofende”. Si nuestros apegos interiores no nos dejan ser humildes, mostrarnos ante Dios tal cual somos, si no queremos despojarnos de esos afectos que nos llenan el corazón y desnudarnos completamente, en cuanto la caridad nos enfrente a una de esas bolsas de afectos interiores que tenemos no querremos desprendernos de ello y no amaremos con el corazón de Dios, no seremos caritativos, ni misericordiosos porque nos aferraremos a nuestras posesiones interiores. Si no somos sencillos para comprender esto, para aceptar cada una de las cosas que no nos dejan ser libres para volar al encuentro de Dios al oír su voz, nunca llegaremos a abrazarle, a tocarle. Si no nos relacionamos con alguna de las Virtudes dejaremos de tener amistad y conocer a las otras virtudes, porque todas ellas vienen y proceden de Dios; y dejaremos de conocer y poseer a Dios mismo.
“Y cada una confunde los vicios y pecados”. En el plano espiritual, para que nos entendamos, el que vive esta relación con Dios es como si hablara en otro idioma. Para el mundo, para la sociedad actual, esta forma de vida y esta vivencia son, como decía al principio al referirme a los votos en la vida consagrada, incomprensibles, algo negativo o incluso una represión. ¡Nada más lejos de la realidad! La relación con Dios no tan solo nos libera sino que nos hace más humanos, más personas. Esta relación hace que la persona ame con más intensidad no tan solo a Dios, sino a todo lo creado. Ama con más fuerza y con más sentimiento, solo que ese amor es un amor ordenado, puro, porque está amando desde EL AMOR.
“Quien posee una y no ofende a las otras, las posee todas”, dice San Francisco, y es que quien ha probado el sabor de Dios, quién a tocado a Dios, quién le ha conocido y oído, lo único que va a desear es tener cada vez más a Dios, porque no se saciará nunca de El y deseará poseerle con más fuerza. Eso mueve a la persona enamorada a conocer y querer unirse cada vez más a El, por lo que esa vivencia "confunde los vicios y pecados", no porque la persona deje de ser persona, sino que hay cosas temporales que ya no le van a llenar, que le parecerán eso, temporales, pequeñas, que han perdido importancia al lado de lo que es Dios mismo.
“La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus astucias”. Las tentaciones que se nos presentan a diario, son tan solo eso, tentaciones. Dios nos ha dado una libertad que nunca va a violentar. El ser humano es libre para decidir lo que quiere o no quiere, si desea amar o no. Si no poseyéramos esa libertad para decidir libremente el corresponder al amor de Dios, ese amor no sería autentico. La sabiduría, el pensamiento de Dios, al tratar con ella, nos mostrará en cada momento lo que es tentación y lo que no, para así libremente, decidir seguir escuchando sólo la voz de Dios.
“La pura santa simplicidad confunde toda la sabiduría de este mundo y la sabiduría del cuerpo”. Los puros de corazón son aquellos que pueden ver a Dios, los que pueden comprender el pensamiento de Dios, los simples, los puros, verán con los ojos de Dios, pensarán son su pensamiento y ni el mundo ni el cuerpo será obstáculo alguno para seguir conviviendo íntimamente con el Amor, porque como he dicho ya, serán meras cosas materiales y temporales y que es esto comparado con lo Eterno, comparado con la PASIÓN DE AMOR que Dios puede llevarte a experimentar!
“La santa pobreza confunde la codicia, y la avaricia, y las preocupaciones de este siglo”. Dios es un amante celoso y protector. A los que se entregan a El los defiende y protege de todo y en todo. Nada tienen que preocuparse porque lo que necesiten, de una manera o de otra, Dios se lo dará a su debido tiempo. A nadie tienen que temer porque no permitirá a nadie que haga cualquier cosa que El no quiera contigo. Teniendo un Esposo así, que se preocupa por cuidar y proteger a quien se entrega a El, la persona amada no codiciará nada, no sentirá avaricia alguna, ni se preocupará por las cosas temporales, porque sabrá que en el momento en que una preocupación o necesidad toque su vida, Dios mismo, personalmente, se encargará. Aquí añadiría una "Dama" más, la santa Providencia. Y diría ¡Salve, santa Providencia, el Señor te salve con tu hermana la santa pura fe!.
“La santa humildad confunde la soberbia y a todos los mundanos, y todo lo mundano”. Somos lo que somos ante Dios, y nada más. El don de vernos como nos ve Dios hará que no seamos altaneros y ni las palabras ni las acciones podrán hacernos daño, porque lo que nos va a importar será como nos ve Dios y nadie más. Lo que hagamos lo haremos para agradarle a El, lo que digamos o pensemos será para que Dios nos penetre con su mirada. Y así lo que piensen o digan los demás ¡qué más nos dará!
“La santa caridad confunde todas las tentaciones diabólicas y carnales y todos los temores carnales”. La caridad es el corazón de Dios. El amor de Dios es PURO, es pasional pero va mucho más allá de la pasión carnal. El amor de Dios es intenso y puro. Sentir con su corazón significa vivir en esa pureza, en ese amor. Las pasiones que tiene el ser humano, si se deja llevar por ellas, le lleva a ser menos hombre y más animal. Le llevan a ser menos libre y más esclavo, al dejar que se conviertan en necesidad. Dios dignifica al hombre, lo hace más humano y más libre, de tal forma y de tal manera que no es que le quite su instinto, el sentir, sino que lo potencia hasta superar la barrera de lo puramente carnal, llevando al hombre a una libertad tal que ya no es esclavo de sus pasiones, ya no tienen esa necesidad para vivir, sino que lo que le mueve es el amor, el AMOR de verdad.
“La santa obediencia confunde todos los quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y lo sujeta y somete a todos los hombres que hay en el mundo; y no sólo a los hombres, sino a un a todas las bestias y fieras, para que, en cuanto el Señor se lo permita desde lo alto, puedan hacer de el lo que quieran”. Aquí me remito a lo que ya he dicho antes ¡Que importará el qué, el cómo o el dónde, si eso te lleva a abrazar, a tocar y a sentir a Dios! Y añado: Dios es un dios celoso de lo suyo. Si vivimos respirando el aliento de Dios, la pureza, oiremos perfectamente la dulce voz del Espíritu, llamándonos. Como he comentado, la persona que tiene el privilegio de tener esa vivencia, rompe la barrera de lo carnal y pasa a vivir en un plano espiritual. Esa vivencia hace que carezca de importancia la persona a través de la cual Dios nos deja oír su voz, o el qué o el cómo es ese camino para llegar hasta El, porque esa persona sabe que Dios es celoso y protector y que nunca defraudará su confianza en El. Sabe que Dios utilizará a quien sea y lo que sea para llevarnos a El, para llevarnos al ENCUENTRO, y que no permitirá que nadie ni nada sea obstáculo porque El mismo es el que desea apasionadamente encontrarse con nosotros.
Que el Señor os bendiga y os guarde en todo momento y en todo lugar.
Paz y Bien.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Corazón abierto

Francisco fue siempre el hombre que supo acoger los Misterios de la Vida de Cristo y trasnformarlos en obras, instituyendo signos, transformándose él mismo en recordatorio viviente del Señor.
Ahora que viene la Navidad, no puedo dejar de recordar la ternura de este varón de Dios, que fue siempre tan sensible al Misterio de Belén. No una sensiblería como la de hoy, que con un anuncio en el que sale un arbolito de Navidad y musiquita de fondo la gente cree a veces vivir la Fiesta en su significado auténtico: familia, regalos, luces, villancicos, etc. Todo eso está muy bien, pero Francisco tenía en su mente y en su corazón a aquel Niño que nació en un pesebre, sin nada más que el techo y el calor de la cueva y los animales; aquel Niño que fue perseguido para ser asesinado, nada más nacer; aquel Niño que dependía de su Padre Dios para sobrevivir; aquel Niño que encarnaba la Pobreza.
Toda la vida de Jesús la contempló Francisco como Revelación Mistagógica, Revelación Profunda y continua de lo más íntimo de Dios. Le conmovía la Pobreza de la Sagrada Familia, cuando ésta se formó en torno a Dios, y no dispuso sino de la Providencia: ¡todo un Dios abandonado a lo que se dispusiera de Él día a día!
Debemos meditar mucho la Navidad, pero sobre todo la Pobreza que envolvió a tan grande acontecimiento.

lunes, 1 de diciembre de 2008


Mucha gente se pregunta por qué San Francisco de Asís habla tanto de la Fiesta de Navidad - La encarnación del Hijo de Dios - y no habla tanto de la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor. Ahora, desde la lectura hermenéutica del Evangelio de Juan, podemos, en primer lugar, dar respuesta a todos estos que se plantean esta cuestión sobre el Santo, y, en segundo lugar, fijar una línea de reflexión para que vosotros podáis meditar esta cuestión de la espiritualidad de Francisco de Asís tan poco comentada por lo teólogos del franciscanismo.


El evangelista Juan ha dado una especial importancia a la Encarnación, es decir, a la Palabra encarnada y, como nos dice en su prólogo, Juan nos da a conocer la vida de la Palabra encarnada antes de que l mundoi fuera y de que descendiera al mundo y a nosotros mismos. Juan es el único evangelista que habla de la vida que Jesús llevaba junto a su Padre. Todo el evangelio de Juan es una Gran Liturgia sobre la ENCARNACIÓN Y SOBRE EL DESPOSRIO. Todo nos lleva a la FECUNDIDAD por tanto, nuestro mundo, es el escenario - EL HUERTO - en donde se celebran continuamente el DESPOSORIO del AMANTE con el AMADO.


Para Francisco de Asís, EXPERIENCIA VIVA DEL AMOR - el Hombre-Amor - no podría haber llegado a la misma exégesis espritual que a nuestro DISCÍPULO AMADO: Que el Acto de Amor al Encarnarse el Hijo de Dios, fue de tal Intensidad y Trascendencia que, por este acto sólo, quizás podría haberse salvado el mundo entrero. Además no olvidemos que, NUESTRO SEÑOR, se durmió y fue depositado en el lecho que había en el Huerto del Paraíso, como Francisco nos dice en su "Salmo 6 de Nona, nº 11, en el que dice: " Me dormí y desperté " ( Sal 3,6 ).