jueves, 11 de diciembre de 2008

Los Castillos amenazan ruina.

Francisco era demasiado joven para absorver sin pestañear aquel golpe. A los veinte años, el alma de aquel joven es una ánfora frágil. Basta el golpe de una piedrecita y la ánfora se desvanece como un sueño interrumpido. Es el paso del tiempo y del viento lo que da consistencia al alma.
Uno tiene la impresión de que los biógrafos contemporáneos pasan como volando por encima de los años de conversión de Francisco, igual que los periodistas, los cronistas nos entregaron anécdotas. Pero al parecer no presenciaron, o al menos, no nos transmitieron el drama interior que origina y explica aquellos episodios. Nada nos dicen de su conversión hasta la Noche de Espoleto. Sin embargo, en esta noche cayó la fruta porque ya estaba madura.
En esos largos once meses de encierro e inactividad comienza el Tránsito de Francisco. Para construir un mundo, otro mundo tiene que desmoronarse anteriormente. Y no hay granadas que arranquen de raiz una construcción, los edificios humanos mueren piedra a piedra. En la prisión de Perusa comienza a morir el hijo de Bernardone y a nacer Francisco de Asis.
Ignacio Larrañaga - Hermano de Asís.

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