sábado, 6 de diciembre de 2008

Corazón abierto

Francisco fue siempre el hombre que supo acoger los Misterios de la Vida de Cristo y trasnformarlos en obras, instituyendo signos, transformándose él mismo en recordatorio viviente del Señor.
Ahora que viene la Navidad, no puedo dejar de recordar la ternura de este varón de Dios, que fue siempre tan sensible al Misterio de Belén. No una sensiblería como la de hoy, que con un anuncio en el que sale un arbolito de Navidad y musiquita de fondo la gente cree a veces vivir la Fiesta en su significado auténtico: familia, regalos, luces, villancicos, etc. Todo eso está muy bien, pero Francisco tenía en su mente y en su corazón a aquel Niño que nació en un pesebre, sin nada más que el techo y el calor de la cueva y los animales; aquel Niño que fue perseguido para ser asesinado, nada más nacer; aquel Niño que dependía de su Padre Dios para sobrevivir; aquel Niño que encarnaba la Pobreza.
Toda la vida de Jesús la contempló Francisco como Revelación Mistagógica, Revelación Profunda y continua de lo más íntimo de Dios. Le conmovía la Pobreza de la Sagrada Familia, cuando ésta se formó en torno a Dios, y no dispuso sino de la Providencia: ¡todo un Dios abandonado a lo que se dispusiera de Él día a día!
Debemos meditar mucho la Navidad, pero sobre todo la Pobreza que envolvió a tan grande acontecimiento.

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